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Los precios acabados en ,99 nacieron para evitar que los empleados robaran.

Finales del siglo XIX, Estados Unidos. Acaban de inventar la caja registradora. Los dueños de las tiendas estaban hasta la parte que está entre las piernas del choriceo continuo de sus empleados.

Si el precio era redondo (3 dólares), el cliente pagaba justo y el empleado podía guardarse el billete sin abrir la caja. Pero si el precio era 2,99, había que dar cambio. Había que abrir la caja. Había que registrar la venta.

Maestros.

Pero es que encima funcionaba mejor comercialmente.

Tu cerebro no procesa igual 5,00€ que 4,99€. La diferencia es un céntimo. Pero el ojo entra por la izquierda y registra primero el 4. No piensa "esto cuesta casi cinco euros". Piensa "esto cuesta cuatro y pico".

Y funciona incluso cuando sabes que te lo están haciendo, por eso la táctica ha sobrevivido 130 años.

¿Quieres ver qué pasa cuando alguien decide ignorarla?

JCPenney decidió ignorarla en 2012. Aunque bajaron precios de verdad, los clientes percibieron que la tienda se había vuelto más cara. Perdieron alrededor de 1.000 millones de dólares ese año. Y tuvieron que dar marcha atrás.

¿Significa esto que tienes que poner tus precios acabados en ,99?

No.

Depende del contexto. Las marcas premium hacen justo lo contrario y evitan los ,99 porque comunican otra cosa: rebaja, supermercado, outlet, vulgaridad.

Si vendes exclusividad, autoridad o una transformación importante, no puedes permitirte esa percepción.

Así que la respuesta corta:

Los ,99 funcionan cuando vendes producto de consumo, en mercados saturados, donde el cliente compara rápido y el precio pesa mucho en la decisión.

Si vendes una formación premium, una consultoría o un servicio de alto valor donde la decisión no debería girar alrededor del precio, olvídate.

Nos leemos mañana.

PD: En YAMATO no acabamos las propuestas en ,99. Imagínate la sensación que daría.

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