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ĀæMe echaste de menos ayer?

Perdón, pero el proveedor que uso para enviar emails decidió ponerme en spam. Así, por la cara, después de 242 emails.

En fin. Al lĆ­o.

¿CuÔntas veces recibes un email y empieza de la siguiente manera?

  • ā€œEstimado, Ignacioā€

  • ā€œHola, Nachoā€

  • ā€œBuenos dĆ­as, picardĆ­as_69ā€

Debes tener cuidado con la personalización porque mucha gente se suscribe y se inventa el nombre.

YĀ otras muchas veces veo emails que encajan el nombre con calzador, de manera forzada y artificial.

La gente no es idiota y sabe que son automatizaciones.

Una cosa es que lo haga tu banco (sĆ­, los que utilizan su imagen corporativa y sus colores en el email), que tiene tu nombre y datos reales, y otra es que lo hagas tĆŗ y que insistas en llamar a la gente por su nombre cada vez.

El libro ā€œCómo ganar amigos e influir sobre las personasā€, de Dale Carnegie, dice algo asĆ­ como que escuchar nuestro propio nombre es una de las melodĆ­as mĆ”s dulces.

Y ojo, eso es cierto, pero en un contexto adecuado. En una conversación física, por teléfono o en un email si el mensaje es realmente personalizado para una persona de la cual tienes la certeza de que ése es su nombre.

ĀæPero para un random? No funciona asĆ­.

Entonces, ¿cuÔndo debes personalizar el envío con el nombre de la persona?

Cuando tengas la certeza absoluta de que se llama asĆ­. En caso contrario, evĆ­talo.

Ejemplo:

ā€œHola, Ignacio.

Enhorabuena por YAMATO y por el trabajazo que estĆ”is haciendo. Nosotros estamos creciendo como la espumaā€

AhĆ­, ese Ignacio, estĆ” perfecto.

Nos leemos el lunes. Si nos dejan.

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